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Maitena

Posted by Chilanga Catastrófica on 7:01 a. m. in

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Aviso de Oportunidad...

Posted by Chilanga Catastrófica on 3:56 p. m. in
ATENCIÓN
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A) Finiquitar compromiso con el "Servicio" (La que suscribe)
B) Compromiso emocional de la "Empresa" hacia el "Cliente".
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**NINGUN EX-NOVIO SIN CASARSE. Casos de éxito documentados disponibles con La Doctora

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Lluvia

Posted by Chilanga Catastrófica on 10:07 p. m. in ,
Ayer prohibí determinantemente a mis ojos llorar por ti. Hoy amaneció lloviendo en el resto de mi cuerpo.

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Reencuentros y Despedidas

Posted by Chilanga Catastrófica on 6:37 p. m. in , , , ,
Te veo reflejado en el espejo. Caminas hacia mi, me preparo e intento no perder el hilo de la conversación. Lalo me cuenta que trabaja contigo. No me dice nada nuevo pero intento levantar las cejas de cuándo en cuándo aparentando sorpresa, aunque sus ojos no están atentos a los míos. A ratos, tengo que poner la mano sobre el pecho fingiendo tos o risa para que despegue los ojos del escote.
Cuando te ve llegar, intenta presentarnos y se nota confundido cuando nos saludamos con tal naturalidad y complicidad. Observo como sigue la ruta de tu mano que recorre mi espalda de arriba abajo para luego tomarme discreta pero firmemente por la cintura jalándome hacia ti. No ofrezco resistencia pero mis manos no te tocan y beso el aire, indiferente (sé lo mucho que odias que haga eso). Al sentirme fría, me sueltas, pero te mantienes cerca de mi. Demasiado. Nuestros cuerpos parecen casi unidos, puedo sentir tu respiración… saludas a Lalo, más no lo ves. Al tiempo que yo intento continuar con la conversación, ahora son tus ojos los que acarician mi escote y se deslizan por el cuello, buscando mis labios, mi ojos. Mi mirada sostiene la de él y se ve auténticamente turbado (parece interrogarme, trata entender si debe quedarse) pero eres su jefe y nuestra pública intimidad lo incomoda, lo lleva al límite y con las orejas rojas anuncia que saludará a alguien. Lo ignoras. Aprovecho para separarme de ti, pero tu olor ya está recorriendo todo mi cuerpo y el calor parece apoderarse de mi vientre y disparar oleadas en todas direcciones. Lo haces notar, cuando pasas discretamente el dorso de tus dedos sobre mi brazo, como peinando mis vellos hacia abajo. Siempre te encantó cómo me delatan...
No te regalo mi mirada. Acerco la copa, me mojo los labios con la legua y recorro el salón y cuando llego de nuevo a ti, con la mirada ordeno “No-me-to-ques”
- Eres una cabrona… - dices en un susurro, acercando el vaso a tus labios para disimular.
No puedo evitar sonreír satisfecha. Halagada busco tu mirada. Fijo mis ojos en tu cara arqueando las cejas, la sonrisa torcida. Incómodo, desvías la mirada, recorres el salón buscándola supongo… me tomas del codo, firme pero discretamente me llevas hacia el rincón más cercano. Tus ojos fijos en el escote. Siento cómo crecen en ti el enojo y la excitación; tu respiración se vuelve anormal y recuerdo mi imagen, reflejada en la puerta. Me encantó lo que ví. Jamás me había visto mejor. Llamo a lapuerta y me pregunto ¿qué hago aquí? Me preguntas lo mismo.
- Me invitaron – respondo infantilmente
- ¿A si? ¿Quién? - me sorprende que me sigas el juego
- ¿Qué importa? Pero creo que me confundí… entendí que nos veríamos aquí… no debe tardar en llegar– me río divertida y de nuevo paseo mis ojos buscando
- No quiero un desmadre - levantas el vaso diciendo salud a alguien a distancia.
- ¿Desmadre? Somos adultos ¿o no? - Rozo tu mejilla con la mía al hablarte al oído.
Tu cuerpo no me defrauda y responde inmediatamente. No puedo evitar una risa que yo misma no se diferenciar entre nervios o diversión al tiempo que mi cuerpo responde a la memoria de tu aroma, al contacto… Abres la puerta de la biblioteca que está justo detrás de mí y en un movimiento, ambos estamos dentro. Al tiempo que cierras la puerta con tu cuerpo, me jalas hacia ti. Nuevamente, no me resisto… por el contrario… soy más ligera ahora, pero mis brazos permanecen colgando. Sé qué te enciende y sé qué te encabrona. Tus brazos me rodean con fuerza. Busco en mi si hay calor o humedad.
- He pensado mucho en ti. Pensé en llamarte – dices bajito
- No me digas, ¿Pensabas invitarme? –
Tus labios se abren quieren hablar, besar, morder, todo al mismo tiempo rozando mi cuello, pero no hacen nada. Las palabras se te ahogan en la garganta y solo haces ese sonido que parece quejido. Esa mezcla de impotencia y placer.
- ¿Me extrañas?— tu arrogancia y cinismo no dejan de sorprenderme y río más fuerte. Tapas mi boca, buscas cerrar con llave… no hay llave… te ves nervioso. Recuerdas que juré no llamarte aunque me urgiera tu cuerpo...
— Si no me extrañaste ¿Qué haces aquí? – casi estás enojado…
— Vine a desearles suerte para la boda - Ah! y a perdonarte – me haces a un lado y buscas mi cara. Sabes que no se fingir ese desprecio, que es natural.
No paro de sonreír. Me arreglo el vestido sin dejar de verte, cuando llego al escote siento tu cuerpo de golpe sobre de mi, tu cara intenta perderse en él, tus manos actúan rápidamente subiendo mi vestido al tiempo de que pierdes todo control al sentir mi piel, como siempre. Me pegas a la ventana y dices algo como:
- Hay que despedirnos bien, como mejor nos sale
- No quiero. Además, me esperan – digo mientras lo señalo con la cabeza. Está recargado con el pie en la pared, mochila al hombro, encendiendo el cigarro. El solo verlo me hace estremecer y por alguna mágica razón, sabes que esto no lo provocas tu, mientras tu cara se pasma y lo buscas por la ventana, abro la puerta y Ella… ¡No entiendo cómo no me reconoce!, pero me divierte aun más. La felicito, la abrazo, les deseo SUERTE (me parece más chaparra que nunca) no disimula su asombro. Tu cara de culpa y el pantalón te delatan. Tengo ganas de reír hasta llorar y casi no puedo caminar.
Una alarma se escucha a lo lejos mientras bajo la escalera, que parece desaparecer bajo mis pies y sin saber cómo, estoy afuera, buscándolo. Lo veo parado al otro lado de la calle, la distancia parece enorme. Camina y espera que lo siga. La alarma suena cada vez más fuerte y cercana… gira, busca mi mirada. Levanto la mano para despedirme al tiempo que empiezo a caminar hacia el lado contrario. La alarma es insoportable. Abro los ojos al tiempo que mi mano alcanza el despertador y todo desaparece.
Maldito lunes y lloviendo… no voy a llegar nunca. Sin pensarlo, corro a la regadera y es sólo hasta que el agua cae sobre mi cara, que sonrío y brotan lágrimas.

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