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Posted by Chilanga Catastrófica on 9:54 a. m. in ,
Tantas caricias en mis manos habían muerto
Tanto placer fallecido había en mi cuerpo
Tanto cadáver de besos y deseo…
Tras aquella eternidad,
Hubo al fin, un delicioso baile de espectros,
Danza infinita de fantasmas...

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Érase que se era... érase que a veces Es

Posted by Chilanga Catastrófica on 2:20 p. m. in , , ,
Érase alguna vez (que se repite una y otra y otra más) un Reino Unipersonal habitado por No-Noble Princesa, No-Plebeya, tal vez incluso No-Princesa. La más de las veces feliz, otras simplemente no.
La No-Noblecita (que no era para nada pequeña, ni grande) tenía un Don poco maravilloso que distaba mucho de ser una gracia. Una facultad que era tal vez y por mucho, su peor defecto. Sin duda alguna, una gran habilidad que ponía en riesgo constante la paz de su Unipersonal dominio y es que la Princesa tenía como afición, la adicción de suponer Príncipes Azules en dónde solo existían simples hombres verdes y seres grises

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El Asesino Siempre Vuelve...

Posted by Chilanga Catastrófica on 10:44 a. m. in , , , , ,
"No me lastimes más
Con tus crímenes perfectos
De vez en cuándo solamente
Sale afuera, la peor madera..."
(A. Calamaro / Crímenes Perfectos)

Cualquiera que haya visto alguna serie o una película policíaca sabe que El Asesino siempre, pero SIEMPRE de los siempres, vuelve al lugar del crimen y mi teoría personalísima afirmaba que lo mismo aplica a los amores. Principalmente los amores asesinos, los amores que matan…o los que de menos, te rompieron el corazón. No me equivoqué.
Tenía armadísimo el plan para salir el jueves y en mucho tiempo no había tenido el ánimo TAN francamente dispuesto para el reventón. Pretendía ponerme una grandiosa borrachera post-cumpleaños así tuviera que llegar en vivo a la oficina (sádicamente los viernes la entrada es a las 7:30 de la mañana) y dispuestísima a pagar el precio de la cruda durante el trabajo, pero los astros tenían dispuesto un plan totalmente distinto. Empezando porque mi papá se iba de viaje de trabajo (no puedo recordar desde cuándo no sucedía) y mi mamá iba a pasar sola un par de noches. Creo que fue la sensación de cama vacía recién "superada" o tan solo la oportunidad de compartir con mi mamá, pero la invité a pasar la noche del viernes juntas.
Las sorpresas empezaron cuándo mi papá adelantó el viaje al mismísimo jueves, el reven se armaba y mi Mamá llegó mochila al hombro (y casi sin aire) a mi depa en el quinto piso. Era uno de esos días en que uno quisiera poder hacer todo: una noche de puras viejas en pijama viendo películas, chela en mano, (mi Jefa incluida) y reír hasta que nos doliera la panza, pero también se prestaba para tener una cenita tranquila con mi Mamá platicando largas horas, al tiempo que mi outfit me coqueteaba desde el clóset, prácticamente bailando solo... pero valio toda la pena. Me encantó que compartiéramos y la pasé sensacional.
Mi Madre se quedó dormida a las 10 de la noche ante mis asombradísimos ojos, que acostumbran cerrarse después de media noche… ante tal panorama, me puse a leer un rato y a las doce decidí dormir para llegar fresca y a tiempo con el tormentoso horario de viernes…
4:00 AM Suena el teléfono. Sonreí divertida, pensando que serían mis amigas desde el reven, al tiempo que imaginaba a mi mamá pensando “pero qué horas son estas de llamar por teléfono”
– Hola ¿cómo estás? – voz demasiado masculina cómo para ser ellas. Pensé que el sueño me jugaba una broma.
– Bien ¿y tu? respondí poniendo atención a la voz e intentando salir del sueño...
– Bien. Equis. Qué más da. ¿Qué haces?¡Demonios! solo Él podía preguntarme ESO a las 4 de la mañana…
-¿Quién eres? - pregunté con la esperanza de que fuera número equivocado.
- Pues Yo- ¡Él! El mismísimo Masiosare… hice todo lo posible por que el corazón permaneciera en su sitio, pero parecía a punto de salir del pecho y echarse a correr. Intenté concentrarme entre bajarle el ritmo y no temblar, poner atención a la serie de explicaciones (tan absurdas como la hora de la llamada) que empezó a soltar del otro lado de la línea: "Perdón que te desperté, pero he estado esperando el momento correcto para llamarte (???). Tenemos una plática pendiente (ah chingao!! ¿TE-NE-MOS?) y sé que tampoco es el momento adecuado pero nunca llega el adecuado y bueno… ya estoy aquí, en la puerta de tu casa. Déjame hablar contigo... te debo una explicación"
Había esperado MESES por esa llamada. Siglos. Había deseado con toda mi alma que un día, a la hora que fuera, me buscara. No para oir explicaciones. Sólo por escucharlo, por hablar con él. Para platicar y contarle lo mucho que lo he extrañado (a ratos), comentar del último de Calamaro, que viene Sabina y tal vez hasta de nosotros; de las películas que no fuimos a ver juntos y del libro que me hizo acordarme de él: hablaba de un hijo de puta egoísta sin sentimientos, un discapacitado emocional.
Algunos días quise contarle de mis 'nuevos' amigos. Que el mundo siguió girando aun después de él. Que (por fin) me habían promovido y las lunas llenas ya no siempre lo traen de vuelta y que incluso una de ellas se la regalé al tipo con el que lo olvidé una noche entera, que el mar me trata bien sin él y que había ido a nuestro viaje al Mundial. Y quería escuchar canciones, mientras me abrazaba, tomábamos una cerveza y olía su cigarro para presumirle mi pared rojo-cereza. Y quería tener la oportunidad de desearle ser tan feliz, que no me extrañara y no tuviera que volver a buscarme jamás. Pero que había días en que quería lo contrario, que me extrañara con toda su alma, con cada centímetro, que soñara, deseara mi cuerpo pegado al suyo al dormir y que fuera absolutamente infeliz por no tenerme, por haberme perdido voluntariamente. Llegué a pensar que cuando me buscara me causaría menos sentimientos que un perro callejero y podría despreciarlo y dejarlo como aquel día que nos encontramos en un sueño...
Me senté junto a él, en pijama, madrugada lluviosa y todo sucedió sin pensar: le sonreí y lo abracé. Escuché que estaba arrepentido. "No te merecías nada de lo que pasó", (supongo que pensó que era una primicia) "Tú menos que nadie"... "Me porté muy mal contigo y quería que lo supieras..." ¡coño!. ¿Creías que no me enteré? TODO eso yo lo sé y lo que estás intentando decir, cabe en palabras un poco más claras: lo siento, perdón, lo lamento... y si de algo te sirve saberlo, todo está perdonado. Pero el perdón no borra los hechos, ni las cicatrices, lo que pasó, pasó y no hay nada que hacer al respecto. Y ambos tenemos que vivir con ello.
Tuve una extraña sensación de satisfacción porque supe que no es feliz. Porque ahora que ya vive con alguien más, me extraña y ahora sabe que me quiere mucho. Pero otra parte de mi no pudo más que lamentarse por él exactamente por los mismos motivos.
Había esperado tanto este encuentro... pero él ya no era con quién yo quería hablar. Aquel ya no existe más que en mi recuerdo y tal vez a lo lejos, en el fondo de sus ojos...
El Asesino siempre vuelve a la escena del crimen, pero la víctima, su víctima, a la que mató tiempo atrás, a la que dejó desangrarse sin piedad, no sólo murió sino que ya hasta resucitó. ¿Y él? Él ya no es más que un fantasma.
Ilustración: Sergio Arau

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