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Reminiscencia en la Memoria...

Posted by Chilanga Catastrófica on 10:48 p. m. in
Su abuela no la quería. Nadie se lo había dicho y E no entendía porqué pero simplemente, lo sabía. Lo sentía. Lo supo dentro de ella desde los seis años. Más o menos al mismo tiempo, conoció el significado del desprecio gracias a los domingos familiares en los que La Abuela preparaba su famosa receta de pollo a la naranja. El aroma del jugo de pollo con el cítrico mientras se cocinaba invadía la casa y la familia sabía que era momento de sentarse a la mesa cuando este aroma se combinaba con el de las papas recién asadas y el pan. No era necesario si quiera que llamaran a la mesa… el olor avisaba que era la hora.
También E sabía que ese momento era la hora de la humillación. Hijos, sobrinos, primos, nietos sentados alrededor de la enorme mesa del comedor esperando su plato y recibiendo la pieza de pollo de su preferencia: Lalo, Pepito y La Nena muslo y pierna; a Omar y César (como a E) les gustaba la pechuga (sin hueso ni pellejo) y Lola solo los muslitos acompañados de las alas bien doradas y así, todos iban recibiendo su plato, pero a E nunca le llegaba el turno. Su abuela parecía olvidarla siempre. Hasta el perro alcanzaba alguna pieza jugosa (tal vez la pechuga) y cuando Ella hacía notar en medio del barullo que a ella no se le había servido, la Abuela aparentaba sorprenderse o apenarse y corría a la cocina para regresar con un plato lleno de colas de pollo y un poco de papas que “había logrado rescatar”. Dejó de evidenciar esta práctica constante cuando notó que provocaba discusiones entre sus padres. Entonces la infancia empezaba a irse con velocidad y con ella la sumisión, dejando en su lugar la rebeldía típica de la adolescencia que aprovechó para evitar los domingos de pollo a la naranja en casa de la Abuela y con ellos, la sensación de repudio, desprecio y tristeza que la atormentaban.
El tiempo pasó y este todo lo cura o al menos eso se espera. La abuela murió y con ella la famosa receta dominical. Esto y algunos años en terapia lograron aliviar su autoestima, eliminar la idea de rechazo constante pero sobre todo, la sensación de odio hacia la Abuela y mandó al rincón del los recuerdos (o del olvido) aquella historia.
Pero ahora, después de tantos años todos esos sentimientos regresaban de golpe. Al entrar a casa de la abuela de Renato un lejano olor invadía el departamento y sintió de inmediato ganas de vomitar pero logró controlarse. Pensó que eran los nervios, pues era un día crucial. Decisivo para la relación y su futuro. Renato había sido muy claro desde el principio casi un año atrás: su abuela lo había criado y ella tenía la última palabra en todo. Si ella no aceptaba a cualquiera de sus novias, él sin siquiera cuestionárselo, las dejaba para jamás volver ni a pensar en ellas.
Ella tardó un poco en descubrir que el olor era la causa de su repentino malestar. Entró al baño buscando controlarse mientras Renato subía a buscar algún encargo de la anciana. Él sabía que era solo un pretexto de su Mama (como le llamaba cariñosamente) para encontrase a solas con E cuando saliera del baño, así que decidió aprovechar el momento para ir a la sala de TV y revisar el marcador del partido.
En cuánto abrió la puerta del baño, un golpe de olor le llegó al cerebro sacudiendo todos los recuerdos guardados en su memoria. Pollo a la naranja. Arcadas que logró controlar de nuevo. ¡Claro! Era pollo a la naranja. Vio la silueta de la anciana esperándola en el balcón absorta, tirando un poco de alpiste a los pájaros. No podía pensar. El olor la cegaba y con él llegó una terrible mezcla de rencor, dolor y odio que le nubló la mente. Sin decir una palabra, cruzó la puerta del balcón. Nadie podría detenerla. Nadie se interpondría a su felicidad, no la rechazarían. No la harían menos. ¡Nadie la alejaría de Renato jamás! Y antes de que la anciana pudiera siquiera percatarse de su presencia, E se paró detrás y la empujó con fuerza. Unos segundos después se escuchó un sonido seco y sordo. Silencio. Después, solo gritos…
Renato nunca entendería porqué su Abuela había decidido suicidarse: a su edad y en un día tan especial... si no hubiera sido por el apoyo incondicional de su ahora esposa, quién sabe qué habría sido de él. Al final, se resignó y terminó por coincidir con E: todo fue por aquel insoportable y desgraciado olor de Pollo a la Naranja.
Nota: ¡Feliz cumple a mi Blog... y a Nacho!
Actualizado el 23 de marzo.

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