ERROR DE DEDO

Hace 3 meses (o 4 eternidades) perdí al que fuera mi mejor amigo casi la mitad de mi vida y mi pareja por los últimos 4 años. No lo perdí. Me mandó al diablo con mano y la cintura, de la noche a la mañana y en vísperas del Año Nuevo (a sólo unas horas).
No voy a abundar en los detalles de lo que todo esto le trajo a mi corazón, a mis ojeras, a mis nervios, a mis sueños, a mi fe...
Todo esto, hoy ya no importa. Es pasado. Lloré todo lo que tenía que llorar. Me dolió todo lo que me tenía que doler... Y una vez decidido esto, fue que me encontré haciendo cambios, buscando (y creyendo en los) milagros y tratando de encontrar señales donde simplemente, tal vez no existen. Cambié mi pared, cerré círculos, me deshice de objetos amados, borré fotografías, etc., etc. y más etcétera... Y hoy que llegué a mi casa y vi mi pared rojo-cereza, me iluminó una parte del cerebro. Me GRITÓ que no había terminando de soltar, no he ido por mis cosas, ni le he devuelto las suyas y guardaba un mail de DESPEDIDA en mi charola como borrador.
Ese mail sufrió múltiples transformaciones en estos 3, casi 4 meses (carajo, casi puedo contar los días, las horas, los segundos... ¡no he cerrado ningún maldito círculo!) y hoy, cuando quiero que todo me ilusione, cuando quiero un encuentro (o re-encuentro) con La Voz de mis Sueños, cuando quiero ver Milagros por todas partes, cuando quiero CREER, cuando estoy por Cruzar el Mar, cuando estoy lista para buscar, enviar y recibir señales y decido hacer OTRA más de mis “ceremonias cierra círculos” borrando el maldito Draft que decidí nunca mandar… mi dedo aprieta SEND. SEND en lugar de DELETE. SEND… o sea, ¡¡LO MANDÉEEEE!! Justo cuando había decidido declararle oficialmente la ley del hielo para el resto de nuestras vidas --mira cómo no te hablo, no te llamo, no te respondo, duda si leí tu mail-- LE MANDO UN MALDITO MAIL DE DESPEDIDA…uno que ya no quería mandar!! Ya no quería decirle tantas cosas. Ya no había tanto coraje en mi para él, ya no había tanto dolor como cuando escribí todo eso. Tal vez tampoco quería despedirme para siempre. ¡ODIO MI DEDO!
Sobra contar que en mi oficina se escuchó el grito de ¡DETENGAN ESE MAIL, LLAMEN A SISTEMAS! y arranqué el cable de red de la pared, pero todo fue inútil. Lo mandé.
Y ahora soy yo la que está de este lado, preguntándose si abrió el mail, si lo leyó, si me responderá. Deseando no haber sido demasiado dura, pero si suficiente. Y ahora sí, creo (porque no me queda de otra) que estoy soltando. Que me despedí. No cabe más la esperanza de que el distanciamiento tuviera un punto de retorno. Que volveríamos a encontrarnos y a reírnos, abrazarnos, hablar y a contarnos… y poder recuperar a mi Amigo.
Y ahora que pensaba que ya “los duelos no se atreven a dolernos demasiado” (J.Sabina) algo me duele. Ahora que pensaba no tenía más lágrimas en mi cuerpo, me encuentro llorando OTRA Despedida y no es más que la misma. Y creo que por fin estoy cerrando realmente el círculo y lista para la etapa rojo-cereza u otros colores, sueños y cosas. Y todo por el inconscientazo. Y ya no hablo de mi dedo, sino del acto en sí. Después de todo… "por algo son las cosas, hay causalidades, tenía que ser así, era lo mejor y era el momento". Tal vez todo va a empezar a ser. Tal vez solo tenga que dejar de revisar mi correo personal, en horas de trabajo.